En clave

guitarra-bajo

– La vida es música y la música es vida, le dijo.

– Me encanta cuando te pones filosófica, le respondió.

– Cállate y dame un La, fueron sus únicas palabras en las siguientes tres horas que estuvieron ensayando.

“Dame un La” era el preludio de sus mejores charlas, en las que no necesitaban las palabras. Sus pensamientos más profundos flotaban en el aire en forma de sostenidos y bemoles, sus sentimientos se plasmaban en acordes mayores y menores, se desvelaban el uno al otro los más oscuros secretos, a los que la música no conseguía poner trabas.

Dolor.

Respira, todo irá bien.

Mi vida es un caos.

Fabuloso, el caos es divertido.

Soledad.

La vida es soledad. Nacemos solos y morimos solos.

Si tan solo te dieras cuenta de lo que siento por ti.

Dormiría siempre a tu lado, si me lo pidieras.

Un Do puso fin a la última canción.

– Entonces… ¿quedamos el próximo domingo para ensayar?


La mujer de la caja de galletas

El fotógrafo estaba tomando fotos como acostumbraba por las calles, a cambio de unas monedas. Vio a aquella mujer sonriente sentada en el banco, y le ofreció hacerle una. Por supuesto que Josefa aceptó, estaba muy contenta. El día anterior, su hijo había sido arrestado junto a un cura considerado rojo, cuando llevaba a éste en su taxi, acusado de ayudar a un prófugo. A la mujer le habían explicado que soltarían a su hijo ese mismo día, así que había llevado una caja de galletas para esperarle en la puerta de la cárcel. Josefa compró al fotógrafo el retrato que inmortalizaba aquel feliz instante, sería un bonito recuerdo. Esperó y esperó, pero su hijo no salía, por lo que fue a preguntar a los carceleros. Las noticias que recibió no fueron las esperadas; aquella misma mañana habían hecho salir a todos los presos, y se habían llevado a algunos elegidos al azar, entre los que estaba su hijo. Les habían atado a camiones, asesinado, y arrastrado por el suelo sus cadáveres.

La foto de la mujer de la caja de galletas y su desgarradora historia han llegado hoy hasta mí. Josefa era mi tatarabuela. Por la memoria histórica, he querido compartirlo con vosotros, son sucesos que no debemos olvidar, aunque nos partan el alma.

Mujer caja galletas

Cielos de cartón

dunaFoto de: Javier Murillo.

Había visto cielos de cartón sobre su cabeza, estrategicamente situados por dioses que los movían a su antojo siempre que estaba a punto de alcanzarlos. Cielos que ansiaba tocar, creyendo que eran de verdad. Hasta que un día, en un descuido de los dioses, concentró todas sus energías para dar un gran salto, consiguiendo rozar con la punta de sus dedos el anhelado cielo. Qué decepción sintió al descubrir que ni los cielos ni los dioses eran tal. Desde aquel momento decidó no seguir más falsos dioses, convirtiéndose en el pintor de sus propios cielos. Cuentan las gentes del lugar que, en alguna ocasión, se pudo ver a aquellos falsos dioses tratando de alcanzar sus bellos cielos pintados.

La persona más ambiciosa del mundo.

Pirámide de Maslow: jerarquía de necesidades

“Los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos.” Alejandro Dolina.

 Esta es la historia de una persona muy ambiciosa, la más ambiciosa que se haya conocido nunca. Cuando conseguía algo, en seguida perdía el valor que hasta entonces había tenido para él, el valor que le había empujado a luchar hasta alcanzarlo. Siempre que podía, utilizaba métodos éticos, pero la mayoría de sus deseos sólo eran alcanzables mediante técnicas poco ortodoxas que llevaba a cabo convencido de la honestidad de su causa.

Finalmente llegó el día en el que tocó la cima de sus aspiraciones profesionales, amorosas, posesivas…Era imposible mejorar más, lo tenía todo; y sin embargo, todo le parecía poco.

Disconforme con la situación, meditó procurando hallar una motivación, algo que le faltara por conseguir. Pero había llegado al vértice de la pirámide de Maslow, logrado todo aquello que anhelaba; incluso aquello que aunque no deseaba, había deseado en algún momento porque simplemente ansiaba poseerlo.

Entonces se asomó hacia abajo y comprendió que sólo le quedaba una última aspiración por alcanzar.  Una gran pulsión le hizo lanzarse desde el pico de aquella pirámide. Y mientras se deslizaba por la pared del improvisado tobogán, sonrió feliz porque había conseguido su último gran objetivo, por el cual había renunciado a todo: la nada.

La sala

Hoy me he enterado de un concurso de relatos que ya lleva tiempo teniendo lugar en la Cadena Ser, en colaboración con http://escueladeescritores.com

Cada semana, la última frase del relato ganador, se transforma en la primera frase del siguiente relato que crearán los participantes. Me parece una excelente idea en la que me gustaría participar pero, debido a mi imposibilidad de coger el teléfono en los horarios que requiere el programa de radio, no puedo (o no serviría de nada). Así que, como me apetece tanto hacerlo, he decidido escribir mi relato y compartirlo aquí con vosotros.

En negrita escribo la frase con la que proponen iniciar el relato de esta semana:

Y allí sigue, en silencio, acumulando polvo, junto al proyector de cine, el barco pirata y la nave espacial. Como siempre, le pedí al guarda, que ya es amigo mío, que me guiara con su linterna a través de la infinidad de pasillos de la húmeda y sombría sala, cuyos límites ya no conseguía alcanzar con la vista. “Quizá la próxima vez no le pueda acompañar”, me dijo apesadumbrado al llegar. Intento convencerle de permanecer esta ocasión más tiempo, pero no está permitido y hemos de volver. Avanzo tras mi guía sin dejar de mirar atrás hasta que doblamos la esquina del pasillo y pierdo de vista, tal vez por siempre, el más preciado de mis recuerdos.

Os animo a los que sí podáis coger el teléfono, participéis en esta bonita idea.

El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XXVII.

¿Cómo han ido esos días de fiesta? ¿Os ha dejado muchos regalos Papá Noel? En el blog ha dejado un regalo para todos vosotros, un capítulo más del relato. ¡A disfrutarlo!

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AUTORA: PAZ

Abrió con gran dificultad los párpados, que se encontraban prácticamente pegados a sus ojos. Las sienes le golpeaban, mientras una enorme aguja de punto imaginaria atravesaba su cerebro generándole un intenso dolor. Sintió que estaba en una confortable cama, de la que se incorporó muy lentamente. Poco a poco, fue explorando a su alrededor con la mirada hasta que se percató de dónde estaba: en su habitación del hotel. De repente, llamaron a la puerta. Marisa se encogió, asustada.

–       Marisa, ¿estás despierta? Escuchó la voz de Théobald.

–       Sí, logró pronunciar ella.

–       Salgamos a almorzar, ¡estoy hambriento! No entiendo cómo puedes dormir tanto.

Se sintió confusa. ¿Cómo había llegado hasta la cama de su habitación de hotel? ¿Sabía algo Théobald de lo que le había ocurrido en la sala de exposiciones? En caso afirmativo, ¿cómo podía mostrarse tan tranquilo?

–       ¿Estás bien? Dime algo, por favor.

Tomó fuerzas y se levantó de la cama para ir tambaleándose hasta la puerta. La abrió y vio a Théobald petrificado mirándole de arriba abajo.

–       Oh mon dieu!

Théobald observó a una Marisa con la cara blanquecina y completamente demacrada.

–       “Théobald, ¿cómo he llegado hasta aquí?”

–       “¿Hasta aquí? ¿De qué hablas? ¿Estás bien?”

–       “Oh, Théobald, ¿no sabes nada de lo que ha ocurrido?2

–       “¿Qué ha ocurrido? Creo que lo mejor será que te vea un médico. Avisaré en recepción para que llamen a un doctor y luego llamaré a la sala para que anulen la inauguración2.

–       “No te entiendo Théobald, ¿Cómo que se anula la inauguración? Si ya ha sido, fue allí donde…”

–       “Marisa, me estás preocupando. La inauguración es esta tarde, ¿recuerdas? Después de lo que ocurrió entre nosotros te quedaste profundamente dormida. Me fui a mi habitación porque no podía pegar ojo y no quería molestarte. Pero has pasado durmiendo más de doce horas. Creí que estabas agotada, pero ahora me parece que en ese tiempo te ha ocurrido algo. Voy a avisar ahora mismo”.

Marisa se fue hacia la cama y se dejó caer sobre ella, mientras Théobald cogía el teléfono de la habitación para llamar a recepción pidiendo un médico. La confusión que sentía Marisa cada vez era mayor. Théobald se estaba comportando como si nada de lo vivido en las últimas horas hubiera sido real.

“Ya han avisado al doctor, me han asegurado que llegará enseguida. ¿Tienes algún problema de salud?”

“Bueno, hay algo que quería contarte…” Miró a Théobald, cuya imagen comenzó a tornarse más y más borrosa, hasta que desapareció por completo.

El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XXVI.

¡Ya tocaba continuar con el relato! No penséis que lo hemos abandonado, es que la vida nos trae demasiadas ocupaciones extras. Ahí va!

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Sí sabes lo que es, pero no recuerdas lo que pasó en el anterior capítulo. No te preocupes, pincha aquí.

Dj-2

AUTOR: LAURENT. TRADUCCIÓN: PAZ.

Joachim estaba de vuelta, había olvidado su teléfono móvil. Permaneciendo inmóvil ante Marisa unos momentos con una sonrisa sádica, el ayudante miró a su presa con satisfacción.
– ” No ha habido suerte, y eso que sin querer te dejé mi teléfono. Podrías haberlo usado, de no haber estado atada” se divirtió el verdugo. “Y si quieres saber una cosa,  tu amante no se preocupa por ti, él está demasiado ocupado en  hablar, revisar su pintura y ser halagado . Así que no esperes que venga en tu ayuda,  cuando se dé cuenta de tu ausencia, si es que se da cuenta, será demasiado tarde. Buenas noches niña…”

Una vez que la puerta se cerró, la española se concentró para escuchar el menor ruido y así tratar de averiguar dónde estaba. Oyó a su torturador subir escaleras  que no crujían; debían de ser de hormigón tal vez, pero no de madera. Comprendió entonces que la luz que le cegó debía de ser de un pasillo o las escaleras, estando, probablemente, en el sótano sin luz natural, cerca de la bodega o algo por el estilo. Sin embargo, estas suposiciones no estaban en realidad fundadas, sino que respondían al deseo de tranquilizarse a fin de no perder la cabeza. Y una vez que regresó el silencio, Marisa gritó desesperadamente en busca de auxilio para que alguien la ayudara, pero su llamada se desvaneció en la oscuridad , llevándose consigo el coraje y la esperanza.

Mientras tanto, Théoblad respondía algunas preguntas de los periodistas para la sección cultural del periódico local de la semana próxima.

A pesar de la avanzada hora, la sala nunca se vaciaba vacío y los curiosos, numerosos, se entertenían ante las pinturas, impulsados por el ruido y los canapés que continuaban creando la atmósfera. Joaquín, como buen DJ que era, cambió la música para poner el último de Avicii para animar el ambiente. Cendrine y Céline permanecían lejos de la multitud, taza en  mano, y se vieron obligadas a acercarse para oírse, ya que su conversación era en susurros.

En la parte de abajo, Marisa se ​​había desmayado , tendida en un charco de sangre , después de haberse golpeado la cabeza al caer con el deseo de escapar levantándose mientras permanecía atada.

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V.O.

Joachim était de retour, il avait oublié son portable. Restant figé devant Marisa quelques instants avec un rictus sadique, l’assistant regarda sa proie avec une certaine satisfaction

–         « Pas de bol, et dire que j’ai failli te laisser mon téléphone. T’aurais presque pu t’en servie si tu n’étais pas ligotée » s’amusa le bourreau. « Et si tu veux savoir, ton bel amant ne se soucie pas de toi, il est trop occupé à discuter, à commenter sa peinture et à se faire flatter. Donc n’espère pas qu’il vienne à ton secours, le temps qu’il se rendre compte de ton absence, s’il s’en rend compte, et il sera trop tard. Good night little girl… »

Une fois la porte fermée, la Madrilène se concentra pour écouter le moindre bruit afin d’essayer de savoir où elle se trouvait. Elle entendit son tortionnaire monter des escaliers qui ne grinçaient pas et devaient être en béton peut-être mais surement pas en bois. Elle comprit alors que la lumière qui l’aveugla devait être la lumière d’un couloir ou celle des escaliers, se trouvant sans doute au sous-sol, sans lumière naturelle, certainement près de la réserve des boissons ou quelque chose comme ça. Mais ces suppositions n’avaient rien de réellement fondé si ce n’est l’envie de se rassurer afin de ne pas perdre la tête. Et une fois le silence revenu, Marisa cria désespérément à l’aide afin que quelqu’un vienne l’aider mais son appel au secours s’évanouit dans la pénombre, emportant avec lui le courage et l’espoir.

Pendant ce temps, Théoblad répondait à quelques questions de journalistes spécialisés afin de remplir la quotidienne culturelle du journal local de la semaine à venir.

Malgré l’heure qui avançait, la salle ne désemplissait pas et les curieux, étant venus nombreux, se divertissaient devant les toiles, alimentés par le bruit et les petits fours qui continuaient à remplir l’atmosphère. Joachim, en bon DJ qu’il était, changea la musique en mit le dernier Avicii afin de faire monter l’ambiance d’un cran. Cendrine et Céline restaient à l’écart de la foule, une coupe à la main, étant obligées de se rapprocher afin de s’entendre car leur conversation se faisait à voix basse.

Et dans la pièce d’en-bas, Marisa venait de s’évanouir, gisant dans une petite flaque de sang, s’étant cogné la tête en tombant, ayant voulu s’échapper, se levant, ligotée.

La pluma

pluma

Fiel hasta desangrarse, íntima del diccionario.

Herramienta para el poeta, arma para el malvado.

Es el escondite del tímido, el refugio del solitario.

Medicamento contra el insomnio, consuelo para el enamorado.

Trabajadora incansable, no conoce horario.

Fuente de inspiración en sí misma, la pluma es para muchos, un aliado.

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Esta poesía se la dedico a todos los que disfrutáis de la escritura, bien sea escribiendo para otros o para vosotros mismos.

Música: Manuel Moreira y Alejandro Dolina “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”. Preciosa canción que tuve el privilegio de escuchar en directo en el programa argentino de radio “La venganza será terrible”, en la sala Galileo en Madrid.

El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XXV.

Esto se pone tenso…

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AUTORA: PAZ.

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-“¿Joachim?” Preguntó alguien desde el otro lado de la puerta.

– “Joachim, ¿estás ahí? Abre la puerta”, pronunció en un elegante francés la voz de una mujer.

Joachim se acercó a la puerta y abrió el pestillo. Entornó ligeramente la puerta. Del otro lado provenían una suave melodía y murmullos. Por el hueco que quedó, Joachim sacó la cabeza para decir:

–       “En este momento estoy ocupado, en un rato salgo”.

–       “Date prisa, los invitados se están poniendo algo nerviosos, hay que sacar más bebidas y canapés. A ver cuándo se acaba esta mierda.”

–       “Ya voy, hermana, dame un segundo”, dijo Joachim mientras cerraba la puerta.

–       “Ahora te vas a quedar aquí quieta, hasta que yo vuelva. ¿Vas a portarte bien?”.

Ella afirmó cabizbaja. Vio cómo Joachim cogía una cuerda de un rincón, que ató alrededor de su cuerpo. Luego le pasó un trapo que olía a pintura y disolventes alrededor de la boca dolorida.

–       “À tout à l’heure”1, se despidió Joachim y salió de allí, cerrando la puerta desde fuera y dedicándole una última mirada tan fría que le provocó un escalofrío.

Se sentía cansada, pero la adrenalina no le permitía dormirse. Intentó analizar lo que estaba ocurriendo, buscar una solución, encontrar la manera de zafarse de sus ataduras y salir de aquel infierno.

“Así que sigo en la sala de exposiciones y no en su casa, como me ha dicho”, pensó Marisa. La voz de la mujer le había parecido la de Cendrine, pero no estaba segura. “¿Era Cendrine la hermana de Joachim? ¿Conocería Théobald la faceta sádica de éste?”. Comenzaba a no confiar en nadie, ni siquiera en Théobald. Todo lo que le rodeaba, incluso él mismo, era misterioso, extraño, dañino…Le dio vueltas y vueltas a esta idea, pasaron los minutos, tal vez las horas. Perdió completamente el sentido del tiempo encerrada en aquel cuarto que ya conocía de memoria hasta donde alzanzaba su visión. Entonces sonó la cerradura. La luz que penetró instantáneamente en su celda le cegó durante unos instantes.

1: “À tout à l’heure”: hasta luego.

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Hielo

Esta foto que tomé en mis vacaciones me ha inspirado para escribir un pequeño texto que comparto con vosotros.

GlaciarFoto: Glaciar des Bossons (Alpes). Por Paz L.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo de la cabeza a los pies. Froté mis brazos con las manos intentando deshacerme de aquella desagradable sensación. Podía  distinguir témpanos de hielo en las formas que se creaban en tu iris, de un azul más intenso que de costumbre; mar de hielo que, desde que entraste en aquel café, me inundó con el único sentimiento que pretendías compartir conmigo: tu frialdad.

Canción: Triana- “Tu frialdad”.