El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XXVII.

¿Cómo han ido esos días de fiesta? ¿Os ha dejado muchos regalos Papá Noel? En el blog ha dejado un regalo para todos vosotros, un capítulo más del relato. ¡A disfrutarlo!

Para leer el anterior capítulo, pincha aquí.
¿Quieres comenzar el relato desde el principio? Pincha aquí.

AUTORA: PAZ

Abrió con gran dificultad los párpados, que se encontraban prácticamente pegados a sus ojos. Las sienes le golpeaban, mientras una enorme aguja de punto imaginaria atravesaba su cerebro generándole un intenso dolor. Sintió que estaba en una confortable cama, de la que se incorporó muy lentamente. Poco a poco, fue explorando a su alrededor con la mirada hasta que se percató de dónde estaba: en su habitación del hotel. De repente, llamaron a la puerta. Marisa se encogió, asustada.

–       Marisa, ¿estás despierta? Escuchó la voz de Théobald.

–       Sí, logró pronunciar ella.

–       Salgamos a almorzar, ¡estoy hambriento! No entiendo cómo puedes dormir tanto.

Se sintió confusa. ¿Cómo había llegado hasta la cama de su habitación de hotel? ¿Sabía algo Théobald de lo que le había ocurrido en la sala de exposiciones? En caso afirmativo, ¿cómo podía mostrarse tan tranquilo?

–       ¿Estás bien? Dime algo, por favor.

Tomó fuerzas y se levantó de la cama para ir tambaleándose hasta la puerta. La abrió y vio a Théobald petrificado mirándole de arriba abajo.

–       Oh mon dieu!

Théobald observó a una Marisa con la cara blanquecina y completamente demacrada.

–       “Théobald, ¿cómo he llegado hasta aquí?”

–       “¿Hasta aquí? ¿De qué hablas? ¿Estás bien?”

–       “Oh, Théobald, ¿no sabes nada de lo que ha ocurrido?2

–       “¿Qué ha ocurrido? Creo que lo mejor será que te vea un médico. Avisaré en recepción para que llamen a un doctor y luego llamaré a la sala para que anulen la inauguración2.

–       “No te entiendo Théobald, ¿Cómo que se anula la inauguración? Si ya ha sido, fue allí donde…”

–       “Marisa, me estás preocupando. La inauguración es esta tarde, ¿recuerdas? Después de lo que ocurrió entre nosotros te quedaste profundamente dormida. Me fui a mi habitación porque no podía pegar ojo y no quería molestarte. Pero has pasado durmiendo más de doce horas. Creí que estabas agotada, pero ahora me parece que en ese tiempo te ha ocurrido algo. Voy a avisar ahora mismo”.

Marisa se fue hacia la cama y se dejó caer sobre ella, mientras Théobald cogía el teléfono de la habitación para llamar a recepción pidiendo un médico. La confusión que sentía Marisa cada vez era mayor. Théobald se estaba comportando como si nada de lo vivido en las últimas horas hubiera sido real.

“Ya han avisado al doctor, me han asegurado que llegará enseguida. ¿Tienes algún problema de salud?”

“Bueno, hay algo que quería contarte…” Miró a Théobald, cuya imagen comenzó a tornarse más y más borrosa, hasta que desapareció por completo.

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