La pluma

pluma

Fiel hasta desangrarse, íntima del diccionario.

Herramienta para el poeta, arma para el malvado.

Es el escondite del tímido, el refugio del solitario.

Medicamento contra el insomnio, consuelo para el enamorado.

Trabajadora incansable, no conoce horario.

Fuente de inspiración en sí misma, la pluma es para muchos, un aliado.

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Esta poesía se la dedico a todos los que disfrutáis de la escritura, bien sea escribiendo para otros o para vosotros mismos.

Música: Manuel Moreira y Alejandro Dolina “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”. Preciosa canción que tuve el privilegio de escuchar en directo en el programa argentino de radio “La venganza será terrible”, en la sala Galileo en Madrid.

El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XXV.

Esto se pone tenso…

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AUTORA: PAZ.

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-“¿Joachim?” Preguntó alguien desde el otro lado de la puerta.

– “Joachim, ¿estás ahí? Abre la puerta”, pronunció en un elegante francés la voz de una mujer.

Joachim se acercó a la puerta y abrió el pestillo. Entornó ligeramente la puerta. Del otro lado provenían una suave melodía y murmullos. Por el hueco que quedó, Joachim sacó la cabeza para decir:

–       “En este momento estoy ocupado, en un rato salgo”.

–       “Date prisa, los invitados se están poniendo algo nerviosos, hay que sacar más bebidas y canapés. A ver cuándo se acaba esta mierda.”

–       “Ya voy, hermana, dame un segundo”, dijo Joachim mientras cerraba la puerta.

–       “Ahora te vas a quedar aquí quieta, hasta que yo vuelva. ¿Vas a portarte bien?”.

Ella afirmó cabizbaja. Vio cómo Joachim cogía una cuerda de un rincón, que ató alrededor de su cuerpo. Luego le pasó un trapo que olía a pintura y disolventes alrededor de la boca dolorida.

–       “À tout à l’heure”1, se despidió Joachim y salió de allí, cerrando la puerta desde fuera y dedicándole una última mirada tan fría que le provocó un escalofrío.

Se sentía cansada, pero la adrenalina no le permitía dormirse. Intentó analizar lo que estaba ocurriendo, buscar una solución, encontrar la manera de zafarse de sus ataduras y salir de aquel infierno.

“Así que sigo en la sala de exposiciones y no en su casa, como me ha dicho”, pensó Marisa. La voz de la mujer le había parecido la de Cendrine, pero no estaba segura. “¿Era Cendrine la hermana de Joachim? ¿Conocería Théobald la faceta sádica de éste?”. Comenzaba a no confiar en nadie, ni siquiera en Théobald. Todo lo que le rodeaba, incluso él mismo, era misterioso, extraño, dañino…Le dio vueltas y vueltas a esta idea, pasaron los minutos, tal vez las horas. Perdió completamente el sentido del tiempo encerrada en aquel cuarto que ya conocía de memoria hasta donde alzanzaba su visión. Entonces sonó la cerradura. La luz que penetró instantáneamente en su celda le cegó durante unos instantes.

1: “À tout à l’heure”: hasta luego.

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