Hielo

Esta foto que tomé en mis vacaciones me ha inspirado para escribir un pequeño texto que comparto con vosotros.

GlaciarFoto: Glaciar des Bossons (Alpes). Por Paz L.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo de la cabeza a los pies. Froté mis brazos con las manos intentando deshacerme de aquella desagradable sensación. Podía  distinguir témpanos de hielo en las formas que se creaban en tu iris, de un azul más intenso que de costumbre; mar de hielo que, desde que entraste en aquel café, me inundó con el único sentimiento que pretendías compartir conmigo: tu frialdad.

Canción: Triana- “Tu frialdad”.

El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XXIV.

¿Qué tal esas vacaciones? Espero que al menos relajadas. Aunque se ha hecho esperar, aquí está el siguiente capítulo del relato.
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AUTOR: Laurent. TRADUCCIÓN: Paz.

Lo siguiente que Marisa preguntó era dónde se encontraba. El asistente le respondió que no se preocupara, que se pasaría y le pidió que se calmara. Pero sus palabras tuvieron el efecto contrario y, en lugar de calmarse, Marisa rehízo su pregunta de forma más enérgica y un tanto nerviosa. Intentó a continuación levantarse rápidamente, pero un mareo terrible cortó su impulso y se incorporó con precaución para alcanzar una posición sentada sobre el que había dormido. Tras haber pasado durante un rato su mano derecha sobre su frente, Marisa retomó su pregunta pero esta vez con suavidad.

–       “¿Dónde estoy?”

–       “Estás en mi casa”, respondió Joachim.

–       “¿Y dónde está Théobald?”.

–       “No lo sé”, respondió fríamente el parisino.

–       “¿Cómo que no lo sabes?”.

–       “No, no lo sé”. Acabó su frase con una ligera sonrisa en las comisuras de los labios.

–       “Espera”, dijo Marisa en su lengua materna. “Estoy en un lugar desconocido con un desconocido y no quieres decirme dónde estoy ni dónde está Théobald? ¿Es un secuestro? La española olvidaba su francés a medida que le ganaba el miedo.

–       “No te preocupes, Marisa”, retomó calmadamente el joven. “Es precisamente Théobald quien me ha pedido que te traiga aquí para que estés segura, alejada de la multitud. ¿Has escuchado hablar de París? Quiero decir de París la misteriosa, París la pícara, París la incontrolable, París la demoníaca. Por supuesto, todo el mndo conoce París ciudad de las luces, romántica, del amor, los “titis” parisinos, los acordeones, Piaf, Doisneau, Gaisnbourg, Lautrec, el Crazy Horse, el Moulin Rouge y todas esas mierdas para turistas, concluyó con un tono de voz cada vez más fuerte e inquietante al que la madrileña comenzó a temer.  Pero yo te hablo del verdadero París, ese en el que todos los gatos son pardos, donde las ratas salen y los lobos merodean. El París de las catacumbas, de las máscaras y tumbas, de los pervertidos, los corrumptos, ¡los locos!.  Muchos utópicos idealizan esta ciudad pero es peor que Chernóbil en sus entrañas. En Chernóbil no queda más que la muerte, aquí queda  además el sufrimiento, la violencia, el miedo y el vicio. Y sobre todo, ¿sabes lo que hay?”

Marisa se quedó de piedra, los ojos desorbitados sin poder responder más que moviendo ligeramente la cabeza de izquierda a derecha.

–   “¡ESTOY YO! “Gritó Joachim, con fuego en los ojos, propinando una bofetada tan rápida como potente a Marisa tumbándola limpiamente sobre el sofá y riendo de forma sádica el autor de este acto violento cuya delgadez ocultaba una fuerza  insospechada.

La madrileña, aterrorizada, derramó lágrimas de miedo sin sin embargo cerrar los ojos. Su labio inferior se había estallado y la sangre había salpicado desde su corbata hasta su pantalón. Apenas tuvo tiempo de recuperar la conciencia cuando alguien llamó a la puerta. Marisa, ya perdida en la comprensión de la situación, no supo qué pensar de aquel ruido, si era para ayudarla, o al contrario, más violencia.

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V.O.

La seconde question de Marisa était de savoir où elle se trouvait. L’assistant lui répondit de ne pas se préoccuper de ce qu’il se passait et de se calmer. Mais ces paroles eurent l’effet inverse et au lieu de se calmer Marisa reposa sa question de manière plus énergique et un tantinet énervée. Elle tenta ensuite de se lever rapidement mais un mal de tête terrible la coupa dans son élan et elle se redressa avec précaution pour atteindre une position assise sur le canapé sur lequel elle avait dormi. Après avoir longuement passé sa main droite sur son front, Marisa repris sa question mais avec douceur cette fois-ci : « où suis-je ? ». Tu es chez moi répondit Joachim. « Et où est Théobald ? ». « Je n’en sais rien » répondit froidement le Parisien.

–         Comment ça tu n’en sais rien ?

–         Non, je n’en sais rien, finit-il sa phrase avec un léger sourire au coin des lèvres

–         Espera, dit Marisa dans sa langue maternelle, je suis dans un endroit inconnu avec un inconnu et tu ne veux pas me dire où je suis ni où est Théobald ? Es un secuestro? L’espagnole perdait son français au fur et à mesure que la peur la gagnait.

–         Ne t’en fais pas Marisa repris calmement le jeune homme, c’est justement Théobald qui m’a demandé de t’amener ici afin que tu sois en sécurité et à l’écart de la foule. As-tu déjà entendu parler de Paris ? Je veux dire Paris la mystérieuse, Paris la fourbe, Paris l’incontrôlable, Paris la démoniaque. Bien sur, tout le monde connais Paris ville lumière, ville romantique, de l’amour, les titis parisiens, les accordéons, Piaf, Doisneau, Gainsbourg, Lautrec, le Crazy Horse, le Moulin Rouge et toutes ces merdes à touristes conclut-il sur un ton de voix de plus en plus fort et de plus en plus inquiétant pour la Madrilène qui commençait à prendre peur. Mais moi je te parle du vrai Paris, celui de la nuit où tous les chats sont gris, où les rats sortent et où les loups rôdent. Paris des catacombes, Paris des masques qui tombes, Paris des pervertis, des corrompus, des fous ! Beaucoup d’utopistes idéalisent cette ville mais elle est pire que Tchernobyl dans ses entrailles. A Tchernobyl il ne reste plus que la mort, ici il y a encore la souffrance, la violence, la peur et le vice… Et surtout, tu sais ce qu’il y a..?

Marisa resta de marbre, les yeux exorbités, sans pouvoir répondre mais en remuant légèrement la tête de la gauche vers la droite.

–         IL Y A MOI ! Cria Joachim, du feu dans les yeux, tout en donnant une baffe aussi rapide que puissante à Marisa la couchant nette sur le canapé et procurant un rire sadique à l’auteur de ce geste violent dont la minceur avait caché une force insoupçonnable.

La Madrilène terrorisée versa des larmes de peur sans pour autant fermer les yeux. Sa lèvre inférieure était éclatée dans le sens de la hauteur et du sang avait giclé de sa cravate jusque sur son pantalon. Le temps de reprendre connaissance et quelqu’un vint toquer à la porte. Marisa, déjà perdue dans la compréhension de la situation, ne sut que penser de ce bruit, si ce fut pour l’aider, ou au contraire, pour d’autres violences.