El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XIX.

Pues aquí va esa continuación tan ansiada.

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AUTORA: PAZ

Pam, pam, pam. Las sienes de Marisa palpitaban de forma rítmica, acompañándose de un intenso pinchanzo en cada pálpito. Había bajado a la cafetería del hotel, aún vestida con la ropa del día anterior, para tomar una infusión caliente que le ayudara a sobrellevar aquel malestar matutino. Dirigió su mirada hacia una de las paredes empapeladas en tonos beige de la sala buscando el reloj que de ella colgaba. Eran las 11:05 de la mañana. Sintió la necesidad de tener a Théobald a su lado, y esperó que no tardara demasiado en regresar de sus gestiones.

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El hombre de negro desapareció del bar cabizbajo. Mientras, Théobald, con la cara aún roja de ira y el alma repleta de frustración, pagó a la camarera con un billete, indicándole que se quedara con la vuelta.  Salió del bar y decidió dar una vuelta para calmarse. Se acercó hasta la orilla del Sena y anduvo haciendo a la inversa el recorrido que había hecho con Marisa el día anterior. Llegó hasta las tiendas de los buquinistas, donde compró un libro para a continuación tomar un taxi de vuelta al hotel.

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Alrededor de las 11:20h, sintiéndose mejor, Marisa decidió volver a su habitación. Acababa de meterse en la ducha cuando golpearon la puerta. Sus oídos multiplicaron el sonido, que retumbó con eco en su cabeza. Se enrolló una toalla alrededor del cuerpo y se acercó a abrir. Tras la puerta se encontraba Théobald, cuyos labios mostraron una leve sonrisa al percatarse de la ligereza de ropa de Marisa.

–       “Disculpa, me acercaré más tarde”, dijo Théobald.

–       “Ah, no pasa nada, ya estaba terminando”, mintió Marisa, que no quería que Théobald volviera a dejarla sola.

Él se adentró tímidamente en la habitación. Marisa reparó entonces en que llevaba un paquete entre las manos.

–       “Te he traído un pequeño presente, creo que puede gustarte”, comentó Théobald mientras alargaba los brazos para entregárselo.

Marisa se sentó sobre la cama y Théobald se sentó a su lado pendiente de su reacción. Ella se dispuso a abrir el paquete con la misma ilusión de un niño el día de Navidad. Descubrió que lo que contenía el paquete no era ni más ni menos que el libro sobre Art-Decó que había encontrado en las tiendas de los buquinistas en su paseo con Théobald.

–       “Muchas gracias, ¡qué detalle!” exclamó Marisa emocionada.

Se encontraba abrumada por el hecho de que Théobald se hubiera fijado en que a ella le había gustado aquel libro y que hubiera decidido regalárselo, mientras se reprochaba lo tonta que había sido desconfiando de aquellas gestiones misteriosas cuando ahora estaba claro que él había salido para comprarle el libro y darle la grata sorpresa.

A causa de la emoción, se agitó más de lo que la toalla de baño pudo aguantar para sostenerse, resbalando hacia la cama y dejando, por tanto, sus pechos al desnudo.

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5 pensamientos en “El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XIX.

  1. Pingback: El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XVIII. | #QuéFuMePah

  2. Oye Paz, ¿son cosas mías o estas tratando de comprar a tu publico con sexo literario? Porque al menos yo pretendía seguir leyendo mi entrega semanal si o si., pero para no ser hipócrita lo cierto es que funciona. lo que pasa es que para la próxima entrega vamos a necesitar mas carne y lo que venga detrás. 😀
    El pobre critico literario que deba definir esta obra en un genero lo va a flipar en colores, solo falta que los mandes a la escuela de magia para que incluyas el fantástico entre los géneros ya usados, Todo esto dicho con cariño, que me lo paso muy bien a cada entrega. esta semana incluso podria decir que literalmente me lo he pasado teta.

    • ¿Quién le ha dicho usted que haya sexo?. Está todo en su mente, que se adelanta a los acontecimientos dando por hecho futuros eventos basándose en meros detalles.

      La mezcla de estilos tiene su explicación, no soy escritora profesional, así que escribo según me va a apeteciendo sin amoldarme a nada más que el cuidado del estilo.

      Lo de la escuela de magia no es mala idea… 😛

      Gracias por seguir el relato y participar activamente.
      Un saludo.

  3. Pingback: El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XX. | #QuéFuMePah

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