El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XIII.

Ni más ni menos que por el capítulo número XIII vamos ya de este relato escrito a medias entre Laurent (Francia) y yo (España). Y aún no sabemos qué nos deparará, pero sí puedo aseguraros que vamos algo más avanzadillos y la cosa se está poniendo muy, pero que muy interesante!

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Bailarinas. jpg

AUTORA: PAZ.

Théobald sonrió al escuchar la dulce voz de Marisa, dejó el periódico en una mesita auxiliar de madera y se levantó girándose para mirarla. Advirtió que se había maquillado ligeramente, con máscara de pestañas y brillo de labios muy suave, ya que no le gustaba ir demasiado recargada. Llevaba el pelo recogido en un sencillo moño, realzando su largo y moreno cuello. Por la abertura que dejaba su abrigo de paño gris se entreveía un sencillo vestido negro hasta la rodilla, en el que estaba prendida la flor que había recogido en el pequeño jardín delantero de su casa, flor que a pesar de haber comenzado a marchitarse, aún mantenía una aparente lozanía, cual metáfora de su portadora. Como calzado había elegido unas bailarinas negras al más puro estilo parisino.

–       Très belle – dijo Théobald. La naturalidad de sus palabras, tan sinceras que salieron de los labios de Théobald sin traducción, fueron el mejor halago para Marisa.

Salieron del hotel y tomaron un taxi que les llevó hasta el edificio Montparnasse, al sur de París. Comerían muy cerca, en el famoso restaurante La Coupole, donde Théobald había reservado mesa para dos. Pero antes subieron hasta la última planta del rascacielos, desde donde se podía disfrutar de una bella panorámica de toda la ciudad. Théobald le explicó cada monumento que salpicaba la ciudad. Los Inválidos, la basílica del Sacré Coeur, la catedral de Notre-Dame, el Arco del Triunfo… Marisa sabía que París había sido apodada la ciudad de las luces por ser el centro de las artes y la educación, además de ser una de las primeras ciudades en poseer iluminación urbana, pero pensó que bien podría haber sido por la cantidad de edificios y monumentos decorados con dorados adornos que brillaban bajo el sol.

–       Qué bonita ciudad –dijo Marisa. -Me gustaría poder quedarme más tiempo.

–       Ne t’en fais pas, no te preocupes –le respondió Théobald. Tenemos toda una vida para disfrutar de París.

Marisa agachó la cabeza con gesto afligido.

–       ¿Qué ocurre? –preguntó Théobald.

Ella quedó pesarosa, dudando si sería el momento de sincerarse con él.

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4 pensamientos en “El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XIII.

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