El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XII.

Aquí va otro capítulo más de la historia de Marisa y Théobald, esta vez de la mano de Laurent.

SillónCuero

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Para comenzar el relato desde el principio, pincha aquí.

AUTOR: LAURENT. TRADUCCIÓN: PAZ.

Previendo y sabiendo que la naturaleza femenina no es famosa por poseer el sentido del tiempo que pasa, Théobald fue a llamar a la puerta de la habitación de Marisa unos cincuenta y cinco minutos más tarde. Primero llamó suavemente y esperó algunos segundos a que la madrileña viniera a abrir. La puerta permaneció cerrada y no se oía el menor ruido proveniente de la habitación, por lo que reiteró su acción… Pero no ocurrió nada nuevo. A continuación golpeó la madera blanca de la puerta con un poco más de intensidad y escuchó como un sobresalto, un ruido brusco proveniente del interior de la pieza. Marisa llegó precipitadamente y abrió la puerta a Théobald que estaba peinado con elegancia llevando una bufanda gris alrededor del cuello, una chaqueta de terciopelo negro, unos zapatos grises y unos vaqueros grises desgastados por el tiempo para no faltar a sus costumbres. Marisa explicó un poco confusa que se había dormido pero casi había terminado de prepararse. Sólo le faltaba maquillarse. Théobald, en lo más mínimo sorprendido, hizo una mueca y le dijo a Marisa que le esperaría en el vestíbulo del hotel. La cuadragenaria se dio cuenta entonces de que se había mostrado a Théobald sin prestar atención a su apariencia y tenía miedo de no haberse beneficiado de ello. Pero cuando volvió al baño, estaba aliviada y su encanto español, realzado por sus largos cabellos negros, le devolvió la confianza.

Mientras Marisa salía del ascensor, vio a Théobald de espaldas sentado sobre un asiento de cuero marrón leyendo un periódico llamado “Libération” que los franceses llaman comúnmente “Libe”. A pasitos cortos se dirigió hacia su compañero pintor, le puso las manos sobre los ojos y le susurró al oído “sorpresa…”.

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V.O.

Prévoyant et sachant que la nature féminine n’est pas réputée pour avoir le sens du temps qui passe, Théobald vint toquer à la porte de la chambre de Marisa quelques cinquante-cinq minutes plus tard. Il toqua d’abord doucement et attendit quelques secondes que la Madrilène vienne lui ouvrir. La porte restant close et n’entendant pas le moindre bruit provenant de la chambre il réitéra son action… Mais toujours rien. Il heurta alors le bois blanc de la porte avec un peu plus d’intensité et entendit comme un sursaut, un bruit brusque provenant de l’intérieur de la pièce. Marisa arriva précipitamment et ouvrit la porte à Théobald qui était coiffé avec élégance, portant un foulard gris autour du cou, une veste en velours noir, des chaussures grises et un jeans usé par le temps pour ne pas faillir à ses habitudes. Marisa expliqua un peu confuse qu’elle s’était assoupie mais avait presque fini de se préparer, il ne lui restait plus qu’à se maquiller. Théobald, pas le moins du monde surpris, esquissa un petit sourire en coin et dit à Marisa qu’il allait l’attendre dans le lobby de l’hôtel. La quadragénaire se rendit compte alors qu’elle s’était montrée à Théobald sans faire attention à son apparence et avait peur de ne pas être à son avantage. Mais quand elle retourna à la salle de bain elle était soulagée et son charme espagnol, mis en valeur par ses longs cheveux noirs, lui redonna confiance en elle.

Et lorsque Marisa sortit de l’ascenseur elle vit Théobald, de dos, assis dans un fauteuil en cuir brun, lisant un journal intitulé « Libération » que les Français appellent communément « Libé ». A pas de souris elle se dirigea vers son peintre de compagnon, lui mit les mains sur les yeux et lui murmura au creux de l’oreille « sorpresa… ».

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3 pensamientos en “El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XII.

  1. il est vrai que les femmes prennent leur temps et que leurs montres sont sans aiguille,Mais toutes bonnes choses, se font attendre. ce comme ça le désire. Bon boulot De momento me va gustando.

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