El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XI.

En esta ocasión voy a hacer una excepción introduciendo el relato con un vídeo en lugar de con una fotografía. Se trata del comienzo de la película “Midnight in Paris” donde Woody Allen, a través de unas escenas preciosas acompañadas de una maravillosa pieza musical de Sidney Bechet, ha conseguido captar la esencia de París.

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AUTORA: PAZ

Entraron al pequeño espacio que el asiento de atrás del taxi les ofrecía. Marisa, a pesar de su madurez, se sintió nerviosa por la repentina cercanía de Théobald, que indicaba al taxista la dirección del hotel. Al otro lado de los cristales comenzaron a desfilar, desfiguradas por las gotas de lluvia que se iban acumulando en ellos, multitud de calles salpicadas de paseantes, bistrós, cafeterías… Pero Marisa apenas podía prestar atención a todo aquello puesto que tenía los cinco sentidos dirigidos hacia Théobald, que ahora le explicaba que ya estaba casi todo dispuesto para la exposición al día siguiente, por lo que podrían disfrutar de lo que quedaba del día paseando por París. El taxi se detuvo finalmente en la plaza de la República donde se encontraba el hotel, un edificio con una fachada del siglo XIX rematada con un tejado de pizarra gris del que asomaban las ventanas de las estancias de la planta más alta. Théobald ayudó caballerosamente a Marisa con el equipaje; entraron y en el hall les recibió una escalera de mármol cubierta con una alfombra roja que hizo a Marisa sentirse abrumada por tanto lujo.

-Subamos por el ascensor, nuestras habitaciones están en la última planta -le dijo Théobald.

Había reservado un par de habitaciones contiguas. Quedaron en que se arreglarían y volverían a encontrarse en cuarenta y cinco minutos para salir a comer. Marisa entró en su habitación y no dio crédito. Era una estancia acogedora, decorada con muy buen gusto, al estilo francés pero con un toque moderno. La cama, de matrimonio, estaba plagada de mullidos cojines que invitaban a echar una cabezada. Corrió la cortina y miró a través de la ventana; desde aquella planta se podía ver una maraña de tejados grises entre los cuales sobresalía, tímida, la punta de la Torre Eiffel.

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3 pensamientos en “El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte XI.

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