El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte VII.

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ChatNoir

AUTORA: PAZ.

Marisa tenía que tomar una decisión de forma rápida. Hacía una hora aproximadamente que había hablado a través de Skype con Théobald. Le dio la impresión de que le veía un poco más arreglado de lo que normalmente se mostraba a través de la webcam. Por delante asomaba curioso la cabeza Lautrec, un gato negro cuyo nombre hacía honor al pintor y bohemio francés Toulouse-Lautrec. Théobald le pidió que se encontraran la próxima semana en París; había conseguido que sus cuadros se expusieran en una importante galería de arte y quería que ella le acompañara en la inauguración.

-Sería un gran honor para mí, mademoiselle, le dijo él. –Habrá algunos críticos de arte y grandes artistas, estoy seguro de que tú lo amarás.

-Se dice “estoy seguro de que te encantará”, le corrigió Marisa con una sonrisa. Le gustaba cuando él cometía esas pequeñas faltas intentando hablar en castellano con su sensual acento francés.

-Sí, gracias, dijo Théobald riendo. Además, quiero que por fin conozcas mi obra. Por supuesto, todos los gastos de tu estancia corren de mi cuenta, no puedes negarte.

Por la mente de Marisa pasaban rápidos pensamientos que acababan liándose en una madeja llena de nudos por todas partes. París, Théobald, su arte… todo sonaba idílico. Se sentía muy afortunada porque le había elegido a ella para compartir con él ese momento tan importante en su vida. Quería recorrer las salas de la galería con él, sentirle más próximo que nunca escuchando las explicaciones sobre sus propios cuadros, compartir la alegría de haber visto realizado un sueño. Pero, en otra parte de su cabeza, oscuras ideas le atormentaban; no podía imaginar cómo sería mirarle a los ojos y sincerarse, explicarle que se encontraba enferma y, sobre todo, terriblemente enamorada. Probablemente esta última idea era la que más miedo le daba.

Finalmente tomó una decisión. Fue hasta su ordenador portátil y abrió su correo. Escribió un mail a Théobald aceptando su ofrecimiento. A continuación, apagó el ordenador y todas las luces de la casa y se fue a la cama sin ser consciente de que esa decisión iba a cambiar el transcurso de su vida.

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3 pensamientos en “El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte VII.

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