El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte III.

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AUTORA: PAZ.

Marisa y Théobald se conocieron hacía dos años. Podía recordar perfectamente aquel día de diciembre. Mientras todo el mundo se lanzaba a las calles para realizar las compras navideñas de última hora, ella decidió aprovechar para visitar el Museo del Prado. Iba a menudo al museo, ya que era una amante de la pintura y una ferviente admiradora del pintor Francisco de Goya. Había tenido una cálida sensación al entrar, no sólo por la calefacción que luchaba contra el frío del exterior, sino también porque sus salas le eran ya tan familiares como su propio hogar. Estaba delante de un cuadro que le ponía los pelos de punta, a pesar de haberlo visto miles de veces. En éste, una fila de soldados franceses encañonan a un grupo de ciudadanos madrileños, entre los que destaca un hombre de camisa blanca con los brazos alzados. A su alrededor se amontonan aquellos que ya fueron fusilados. De repente, una voz le sacó de su ensimismamiento.

-Espero que no se lleve usted una mala impresión de los franceses.

Era una voz masculina con marcado acento francés. Se giró para encontrarse de frente con un hombre de unos treinta y cinco años, de aspecto joven aunque con algunas pequeñas arrugas que mostraban incipientes signos de madurez.

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Madrid y sus rincones

Os dejo unas fotillos que he hecho durante un paseo nocturno por Madrid.

El mítico edificio de Metrópolis visto desde abajo.

Esta vez visto desde las alturas, concretamente desde la terraza del Círculo de Bellas Artes.

Escaleras del Círculo de Bellas Artes.

El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte II.

Aquí llega la ansiada segunda entrega del relato. Me disculpo de antemano por si la traducción no es la más adecuada posible, ya que no me dedico a ello, pero he intentado que sea lo más fiel.

(Si te perdiste la Parte I, pincha aquí)

AUTOR: LAURENT. TRADUCCIÓN: PAZ.

Ella sabía que todas las estrellas tienen un nombre. Conocía algunas, pero no todas, ni mucho menos. Por ello, Marisa decidió bautizar la estrella que se encontraba a la derecha de la estrella Polar con su nombre, Théobald. Así, ella podría verle y hablarle todas las noches si lo deseaba. El hecho de que su pensamiento fuera tocado levemente por su imagen le dio escalofríos, aun más fuertes y sin duda más dulces que aquellos que la noche madrileña de noviembre en la que se había adentrado por inadvertencia podía proporcionarle. ¿Cómo era posible que a su edad hubiera vuelto a enamorarse? se preguntó. ¿Y por qué de un extranjero que vivía en el noreste de Francia, en esa ciudad tantas veces maltratada por las grandes guerras y tan fría en invierno, llamada hoy en día Metz? Desde su silla de plástico quiso levantar el puño y desafiar a los cielos por haber jugado con ella, pero renunció temiendo que Théobald, la estrella que se encontraba a la derecha de la estrella Polar, creyera que esta provocación iba por ella. Su mirada se desvió lentamente hacia dos polillas, dos mariposas de la noche que revoloteaban alegremente en el claro de luna. Se preguntó si era la época adecuada para ver estos insectos, pero esa noche, abandonada y perdida en el torbellino de sus emociones, nada más podía sorprenderle.

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A CONTINUACIÓN LA VERSIÓN ORIGINAL EN FRANCÉS, A PETICIÓN DE LOS LECTORES.

Elle savait que toutes les étoiles portent un nom. Elle en connaissait certaines mais pas toutes, loin de là. Alors Marisa décida de baptiser l’étoile se trouvant à la droite de l’étoile du berger de son prénom à lui, Théobald. Ainsi elle pourrait le voir et lui parler tous les soirs si elle le désirait. Le fait même que sa pensée soit effleurée par son image lui donna des frissons, bien plus importants encore et sans doute plus doux que ceux de la nuit de novembre madrilène dans laquelle elle était entrée par inadvertance pouvait lui procurer. Comment était-ce possible à son âge de retomber amoureuse, se demanda-t-elle ? Et pourquoi donc d’un étranger vivant dans le nord-est de la France dans cette ville tant de fois brutalisée par les grandes guerres et si froide en hiver que l’on appelle aujourd’hui Metz ? De sa chaise en plastique elle voulût lever le poing et défier les cieux de s’être joué d’elle mais elle renonça de crainte que Théobald, l’étoile se trouvant à la droite de l’étoile du berger, ne prenne cette provocation pour elle. Son regard se détourna ensuite lentement vers deux polillas, deux papillons de nuit virevoltant gaiment dans le claire de lune. Elle se demanda si c’était bien la saison appropriée pour apercevoir ces insectes mais ce soir là, abandonnée et perdue dans le tourbillon des ses émotions, plus rien ne l’étonnait.

El mejor relato hispano-francés jamás contado. Parte I.

 

Una noche de desvelo, chateando con mi amigo Laurent, nos planteamos la posibilidad de escribir un relato a medias. Es una manera de entretenernos siendo escritores y lectores a la vez. Uno escribe una parte, en la que desarrolla toda su creatividad, la envía y luego espera a que el otro haga lo correspondiente con la suya, para sorprenderse con el giro que haya podido dar la historia y disfrutarla como cualquier lector ajeno a lo que le deparará la lectura.

Laurent  es un escritor francés, por lo que nos surgió la duda sobre qué idioma utilizar en el relato. La decisión fue salomónica. Yo en la lengua de Cervantes y él en la de Molière, así cada uno podría expresarse de la manera más sencilla y natural.

Me gustaría compartir con vosotros el relato que va surgiendo. Un relato que ninguno sabe dónde nos llevará, pero que nos lleve donde nos lleve, estoy segura de que disfrutaremos durante todo el trayecto. Iré publicando periódicamente cada parte, indicando quién es el autor. Las partes escritas por Laurent las traduciré, por supuesto, para que podáis disfrutar de todas las partes en castellano.

Pues bien, no me enrollo más y os dejo con esta primera parte. No os mordáis mucho las uñas hasta que publique la siguiente.


PARTE 1. AUTORA: PAZ.

Se encontraba en el patio trasero de su casa. Aquel patio no era gran cosa; en escasos tres metros cuadrados convivían montones de cachivaches con ropa limpia que se secaba bajo los exiguos rayos de sol que lograban alcanzarla. Apenas quedaba un hueco libre, pero ella se había asegurado de dejar el espacio suficiente para poder colocar una silla de plástico que, a pesar de que actualmente estaba deteriorada por las inclemencias, no se atrevía a cambiar por una nueva. Esa silla era su lugar de relax, pero también de reflexión. Siempre que le surgía un problema acudía a ella como si de un oráculo se tratara; allí había encontrado la solución a todos los problemas que se le habían planteado hasta el momento, aunque para ello tuviera que pasarse horas sentada observando el vuelo zigzagueante de las hojas que llegaban finalmente a aterrizar en su patio o en los contiguos, o viendo pasar las nubes mientras cambiaban de forma hasta dejar paso a las estrellas, que terminaban siendo las más reveladoras. Esta vez había ido hasta la silla con poca fe. El problema que se le planteaba era diferente a todos los anteriores, una ecuación con demasiadas incógnitas que parecía imposible de resolver.

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Otoño

Nuestros bosques nos ofrecen en estos meses los paisajes típicos otoñales con piedras recubiertas de musgo, árboles con cortezas plagadas de líquenes, o suelos salpicados de setas y hongos de todo tipo. Aquí os dejo algunas fotos en representación de lo que he podido disfrutar en uno de éstos bosques.

Música recomendada para disfrutar de este post “Autumn Leaves (Les feuilles mortes)” interpretada por Edith Piaf.

Y aquí la misma pero interpretada por Yves Montand. No sé cuál me gusta más de las dos. Llamadme friki. Por cierto, que ambos fueron amantes, un poco de chascarrillo.