La fauna y flora nocturnas

Cuando se oculta el Sol, desde la forma de vestirnos, hasta la manera de la que actuamos cambian. Las mujeres que por el día se han echado colonia de bebé, por la noche se vaporizan intensos perfumes, mientras que los hombres que a la mañana olían a axila revenida, cuando llega la noche atufan a una mezcla entre la axila revenida y un desodorante con el cual, según anuncian en la tele, las mujeres caen rendidas a sus pies; y no es de extrañar que caigan redondas, semejante peste te golpea en la nariz con más fuerza que un derechazo de Mike Tyson.

Salir de noche permite contemplar especímenes de día inusitados:

“El cuarentón trajeado”, se pasea por todo el bar copa en mano, arrimándose a los grupos de gente como si estuviera perfectamente integrado pero sin hablar con nadie y más pedo que Alfredo. Guarda para sí la intrigante historia de lo que ocurrió entre que se puso el traje de chaqueta y corbata en su casa y llegó al bar. Todo un misterio.

“La despedida de soltera”, fácilmente reconocible por ser un grupo de chicas con un pene en la cabeza que piropean a grito pelado a todo hombre con el que se cruzan.

“El ligón solitario”, ese maromo “typical spanish” que lanza miradas obscenas con los codos asentados en la barra y que, ante la evidente señal de tu cara de asco, decide atacar como si tuviera alguna posibilidad con la demoledora frase “Hola guapa, ¿vienes mucho por aquí?”.

“Los divorciados”. Los hombres provenientes de matrimonios rotos son los más marchosos de la disco, sacan a todas las chicas a bailar y de paso aprovechan para arrimar cebolleta.

“Las divorciadas”, mujeres desatadas con gusto por un estilismo muy particular consistente en zapatos de tacón, falda muy corta, una carrera en las medias, y mínimo una prenda con estampado de leopardo; en cuanto a maquillaje, es importante que sea recargado y con la máscara de pestañas corrida.

“El pavo real” es aquel que en los bares despliega todos los medios a su alcance para que la hembra se fije en él. Entre sus conductas de cortejo se encuentra el roce “casual”, consistente en pasar varias veces hacia el baño, como si estuvieran mal de la próstata, por al lado de la hembra, pasando el brazo por su cintura y pronunciando la palabra “disculpa”. Si así no consigue llamar su atención, el pavo baila desencajándose las caderas, canta desgañitándose y agita la melena al viento mientras echa miradas furtivas para comprobar que la hembra se ha fijado en él. Como último recurso, se acerca de forma “disimulada” y se planta a su lado, esperando a ser visto para proceder a atacar (o no).

“El vendedor de flores”. Este señor, típicamente de nacionalidad india, se encarga de cortar el rollo en los bares poniendo delante de la cara de las mujeres un ramo con flores, e insistiendo para que el chico con el que van, da igual que sea su novio, su primo o su vecino, les regale una. Animan al ligón solitario y al pavo real a ser aun más pesados. También les gustan los objetos con lucecitas de colores, llevándolos puestos a menudo para que los más horteras del lugar, atraídos por las luces que se encienden y se apagan, vayan a comprar una diadema de cuernos con luz intermitente o unas gafas de montura chispeante que lucirán dichosos el resto de la noche.

Merece por tanto la pena salir por la noche, meterse en el rol de observador, casi antropólogo, y admirar estos curiosos comportamientos nocturnos que se pierden aquellos que no son dados a trasnochar.

¿Conocéis algún otro especímen de la noche?

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