Si yo fuera extraterrestre, aquí no venía (Parte II)

Para recordar la parte I, pincha aquí.

En la primera aventura del extraterrestre becario, este observó atónito algunos comportamientos del día a día de los humanos. Lo que no sabéis, es que a su vuelta sus jefes quedaron tan encantados con todo lo que les contó, que quisieron que volviera. Así que, aunque con un poco de recelo, cogió la nave y puso de nuevo rumbo hacia la Tierra.

Pensó que sería buena idea sobrevolar durante un rato para tomar algunas notas. Así, nuestro amigo apuntó cómo los terrícolas se organizan en núcleos y viven en cubos. Vio que cuanto más grandes eran los núcleos, más apilados estaban los cubos, llegando algunos a ser muy altos. Y también pudo ver que a los habitantes de los núcleos grandes les gustaba el color gris, ya que lo hacían todo de este color: el suelo, los cubos, hasta el aire que respiraban lo pintaban de color gris, mientras que a los habitantes de núcleos pequeños les gustaban mucho más los colores vivos (verde, rojo, amarillo…).

Sobrevolando por encima de un gran núcleo, algo en especial le llamó mucho la atención. Un rectángulo de un verde inusitado, perfectamente cuidado, alrededor del cual se levantaba una gran edificación. Sacó un catalejo de última generación en su planeta que le permitió comprobar cómo la edificación estaba repleta de humanos por la parte de dentro, que miraban muy fijos al rectángulo verde. ¡Interesante!, pensó. Sin duda se trata de algo muy importante, si tantos humanos se reúnen para verlo. Tal vez a estos humanos sí les gustaran los colores vivos, y se reunieran para poder contemplar un trozo de color recortado de las afueras. Su atención se centró luego en el rectángulo verde, y ya de cerca, pudo ver que había unos pocos humanos que correteaban por él, con una esfera a la que propinaban golpes. La mitad iban vestidos de un color, y la otra mitad de otro, probablemente se dividían entre los que les gustaba más un color y los que les gustaba más otro.

Con mucha curiosidad, decidió bajar para ver in situ qué es lo que estaba ocurriendo en aquel lugar. Esta vez le habían proporcionado un mayor presupuesto, y tomó una nave plegable, por lo que aterrizó en el tejado y se guardó la nave en un hueco en lo que los humanos llamarían espalda, que la evolución había concedido a su raza a modo de bolsillo, muy útil sin duda. Se descolgó del tejado y fue a caer sobre la multitud.

Pronto comprobó que el rectángulo verde con los humanos recorriéndolo de lado a lado tenía un poder estimulante. O más que estimulante, encolerizante. Los humanos observaban desde arriba con cara de enfado y hacían grandes aspavientos con los brazos mientras gritaban como si les fuera en ello la vida. El extraterrestre tuvo que usar su capacidad de aislar sonidos, la cual gastaba muchísimos recursos, pero no tuvo otra forma para poder analizar lo que allí se decía. Encontró frases como: “¡Árbitro, hijo de puta!”, “!El entrenador no tiene ni idea!”, “¡No me puedo creer el gol que ha fallado!”, “¡Eso es tarjeta!”. Estaba intentando descifrar aquellos mensajes cuando de repente ocurrió algo sorprendente.  Toda aquella masa humana se convirtió en un mismo ser.  Cada uno de aquellos humanos dejó de gritar de manera individual para sincronizarse en un grande y estrepitoso grito mientras se levantaban de sus asientos y levantaban los brazos. Analizó aquel extraño grito alargado en el tiempo. Venía a ser algo así como: GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL. Pensó que algo grande estaba pasando. Algo que él no podía comprender con su escaso cociente intelectual de 530. Quedó espectante, esperando que en cualquier momento se abriera un agujero espacio-tiempo en aquel rectángulo, que la estrella que les iluminaba, llamada Sol, brillara de una manera especial para todos los habitantes de la Tierra, o tal vez que el resto de planetas del Sistema Solar crearan una danza en honor al gran poder de los humanos. Pero nada de aquello ocurrió. Ni aquello, ni ninguna otra cosa. Tras aquel grito, cambiaron las caras de los humanos a caras de felicidad absoluta, que les duró poco, porque enseguida volvieron a la cara de enfado y a gritar de manera individual, y así hasta que parece que terminó aquel extraño ritual, y los humanos desalojaron los bordes del rectángulo. Salían agotados, algunos con cara de verdadera tristeza y otros con una inmensa alegría. Los que estaban tristes apenas hablaban, pero escuchó que algunos decían “La próxima vez será”, “Hemos tenido mala suerte”. Pensó que debía de tratarse de una parte de un gran ritual. Quizá se había perdido el gran evento porque tenían que ocurrir más rituales para que sucediera. Decidió volver para informar inmediatamente a sus jefes de este gran descubrimiento. Debían conocer estas prácticas tan avanzadas de los humanos y prepararse para asistir al gran evento final.

Desplegó su nave y tomó rumbo a su planeta, sabiendo con seguridad que no sería la última vez que vería la Tierra.

Anuncios