La mente es traicionera

Ascendiendo y descendiendo (Mc Escher)

Bien es sabido que lo que vemos, oímos o palpamos no es más que una interpretación de la realidad. ¿Quién nos asegura que no son los daltónicos los que ven los colores tal cual son? ¿O los perros, que ven en blanco y negro? (esto lo sé porque ayer me lo contó un chihuahua).

Vivimos en una especie de Matrix en la que sólo percibimos lo que nuestra mente quiere. Quién sabe la de cosas que nos estaremos perdiendo. Seguro que las abejas nos pintan mensajitos sólo visibles con luz ultravioleta del tipo “Soy más tonto que el mosquito trompetero que quiso meterse en la banda municipal” o “Si te roba la miel, pica aquí” con una flecha y una diana dibujadas.

Nuestras imperfectas mentes nos la juegan, haciendo incluso que actuemos de manera absurda en muchas ocasiones. Por ejemplo, ¿por qué nos agarramos al asiento del avión cuando hay una turbulencia? ¿por si se cae?. Y ¿por qué si nos dicen que si tenemos las palmas de las manos rojas es porque estamos enamorados, automáticamente nos las miramos? ¿y por qué te las acabas de mirar?.

Algo que depende absolutamente de la subjetividad de la mente es el concepto de belleza. No existe un canon preestablecido. La misma persona puede parecer guapa a unos y fea a otros. Eso sí, lo que no hay duda es que la belleza aumenta de manera exponencial según aumenta el nivel de alcohol en sangre, llegando un punto en el cual, cualquier ser sobre La Tierra, humano o no, resulta ser un Adonis. Esto tiene su explicación científica. La Naturaleza ha creado el alcohol para dar una oportunidad de mojar a aquellos de difícil o escasa probabilidad de apareamiento. Y pensaréis: pero si la Naturaleza es cruel… claro, y lo es, con el que se emborrachó y se despierta por la mañana al lado de “eso”. Anda que no se descojona la Naturaleza…

Y ahora que ya sabéis que todo depende del cristal con el que se mire y de la mente con la que se interprete, podéis contestar esta pregunta: Los hombres de la imagen, ¿suben o bajan?

Fijaos qué le pasó a este hombre que le dio por entrar en la escalera creada por M. C. Escher

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3 pensamientos en “La mente es traicionera

  1. las escaleras, querida mía, nunca son solo de subida o de bajada… ni siquiera las automáticas, a esas para ir al contrario solo hay que ir más deprisa XDD

    La mente es rara, cierto.

  2. ¿se te ha ocurrido la posibilidad de que sea un pasillo recto lleno de escalones. Que ni suba, ni baje? Que mala leche al de la idea de poner ahí escalones por cierto.

  3. “Eso sí, lo que no hay duda es que la belleza aumenta de manera exponencial según aumenta el nivel de alcohol en sangre, llegando un punto en el cual, cualquier ser sobre La Tierra, humano o no, resulta ser un Adonis.” nunca pensé que pudieras decir algo así, cada día me sorprendes más jejejje

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