DE ADMIRADORES Y ADMIRADOS

Todos tenemos alguna persona a la que admirar. Los motivos pueden ser múltiples: belleza, personalidad, profesión, estatus, dinero… En ocasiones fantaseamos con la idea de encontrarnos algún día con esa persona admirada. Aunque en esas fantasías se tiende a exagerar “Buah, yo si me encontrara a Brad Pitt no lo dudaba, me lanzaba a su cuello y le dejaba sin aliento. Se iba a olvidar rápido de la Jolie.”. Sí, claro. En caso de que esa amenaza fuera cierta, la escena sería algo así: un sábado vamos por un pasillo de Carrefour empujando el carrito de la compra mientras tachamos el papel higiénico y los kleenex de la lista, cuando de repente aparece en nuestro campo de visión Brad Pitt mirando la fecha de caducidad de unas empanadillas ultracongeladas. Se nos acelera el corazón, nuestros músculos se tensan, se activan las glándulas sudoríparas y con la vista fijamos objetivo para acto seguido soltar el carro, empujar al marido al arcón de los congelados, y coger carrerilla hacia el maromo con los brazos abiertos preparadas para lanzarnos en plancha sobre él. Yo sólo puedo pensar en el pánico del pobre Brad al ver a cámara lenta cómo una mujer con la curva hormonal a la altura de la cumbre del Everest se le acerca agitando los brazos, con las pupilas más dilatadas que el de pim pam toma lacasitos y con un hilillo de baba que le cae de la comisura de los labios.

Afortunadamente, en la realidad los planes de abalanzamiento o acoso de los que alardeábamos con los amigos en el bar son desechados por el cerebro como absurdos (en un 99% de los casos según un estudio de la Universidad a distancia de Standford, puesto que, como dicen en sus conclusiones, siempre hay gente “pa to”).

Aunque no son mucho más dignas las situaciones que se dan cuando realmente un inesperado día surge la oportunidad de acercarse al admirado. Porque con la persona delante tampoco tendemos a hacer alarde de una inteligente espontaneidad, precisamente. Las originales frases que salen por nuestras bocas pueden resultar un intento de acercamiento del tipo: “Yo también juego al tenis, aunque no tan bien como tú” para dirigirse a un famoso tenista, o “mis amigos cuando salimos de fiesta dicen que soy un cachondo”, para ganarse a un hilarante humorista. También es común el uso de frases supuestamente ingeniosas como: “Hey, te gusta conducir, ¿eh?” al piloto de moda de F1. Y eso en el caso de llegar a articular palabra. Porque existe la posibilidad del colapso mental, quedarse delante con sonrisa boba y ojos de susto. En ese instante es cuando nuestro cerebro toma por su cuenta la decisión que lo remata todo. Mientras sigues sonriendo con la misma cara estática de la reina de Inglaterra, levantas tu brazo y alargas la cámara para por fin arrancar con tus primeras palabras: “¿me puedo hacer una foto contigo?”. Fantástico. Tienes delante a alguien que admiras, puedes charlar, transmitirle tus inquietudes, darle tu teléfono, pedirle que te firme un ingenioso autógrafo en la te…, perdón, en la tapa de su último libro… Pero no, le pides una foto para que quede constancia de la cara de imbécil que se te quedó, y también puedan comprobarlo tus amigos en el Facebook. Casi es mejor prepararse un pequeño guión, como los actores y directores por si les dan el Óscar y ensayarlo delante del espejo. No vaya a ser que por no ensayar nos pase como a Almodóvar, y acabemos agradeciendo a todos los santos el tener a nuestro ídolo delante.

Adorna este monólogo una gran escena de la serie “Black Books”.

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6 pensamientos en “DE ADMIRADORES Y ADMIRADOS

  1. Pingback: #quefumepah en El Club de la Comedia « #quefumepah

  2. Way! Para la escena de la “fanática” corriendo hacia Brad Pitt pega la BSO de “Carros de Fuego”, jaja

    Muy divertido, un beso

    • Oh, muchas gracias Javi Nemo por leerlo y comentar por aquí! Me alegra que te haya gustado, me lo imagino con la música, qué bueno.
      Eres bienvenido al blog. Escribí algunos monólogos más (el primero es muy corto, pero me divertí mucho escribiéndolo). Es todo un honor poder hacer reír a quienes hacéis reír a los demás.
      Un besote.

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