Cocina creativa

Yo soy de buen comer, y eso de la cocina creativa no termina de convencerme. Ayer vi un programa de cocina en la que un cocinero explicaba cómo cocinar perdices con un montón de ingredientes, de los cuales ponía una minimísima cantidad, y al final quedaba un plato que había que mirar con lupa. Entonces se me ocurrió que tal vez en un futuro no muy lejano, alguno de estos cocineros saque un libro titulado “Cocina con átomos”.

Yo me imagino una portada tal que así:

Dentro, las recetas serían como un tratado de química en el que se explicaría cómo mezclar los átomos para obtener sabrosas moléculas. Algo así:

¿Cómo creéis vosotros que será la cocina del futuro?

Dos chistes del siglo pasado

Estos chistes los inventé hace muchos, muchos años. Y lo vais a notar en la temática. Tienen sus amantes y sus detractores, como todas las cosas buenas 😛 Los he contado muchas veces, y hay gente que me ha dicho: Pero si ese chiste ya me lo sabía! Claro, porque los chistes van de boca en boca hasta que vuelven a su creador… Ahí van:

Se abre el telón y salen 102 dálmatas.
¿Cómo se llama la frase de Chiquito?
A can de mooooooreeeeeeeeee!!

(Por favor, decidme que lo habéis pillado…)

Una señora entra en un ultramarinos y pregunta:
– Disculpe, ¿Tienen sopa?.
– Knoooooooooooooooooooooooooorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr.

Bueno, ahí os dejo mis dos reliquias. Prometo mejorar.

Chiste

Gracias a Odin (mi mejor y único fan), que me ha dado la idea en una conversación con amigos para este chiste.

Oye, ¿tú qué opinas de los veganos?
Que son más calentitos que los inviegnos.

Gracias, Odin. Cuando quieras, más 😛

DE ADMIRADORES Y ADMIRADOS

Todos tenemos alguna persona a la que admirar. Los motivos pueden ser múltiples: belleza, personalidad, profesión, estatus, dinero… En ocasiones fantaseamos con la idea de encontrarnos algún día con esa persona admirada. Aunque en esas fantasías se tiende a exagerar “Buah, yo si me encontrara a Brad Pitt no lo dudaba, me lanzaba a su cuello y le dejaba sin aliento. Se iba a olvidar rápido de la Jolie.”. Sí, claro. En caso de que esa amenaza fuera cierta, la escena sería algo así: un sábado vamos por un pasillo de Carrefour empujando el carrito de la compra mientras tachamos el papel higiénico y los kleenex de la lista, cuando de repente aparece en nuestro campo de visión Brad Pitt mirando la fecha de caducidad de unas empanadillas ultracongeladas. Se nos acelera el corazón, nuestros músculos se tensan, se activan las glándulas sudoríparas y con la vista fijamos objetivo para acto seguido soltar el carro, empujar al marido al arcón de los congelados, y coger carrerilla hacia el maromo con los brazos abiertos preparadas para lanzarnos en plancha sobre él. Yo sólo puedo pensar en el pánico del pobre Brad al ver a cámara lenta cómo una mujer con la curva hormonal a la altura de la cumbre del Everest se le acerca agitando los brazos, con las pupilas más dilatadas que el de pim pam toma lacasitos y con un hilillo de baba que le cae de la comisura de los labios.

Afortunadamente, en la realidad los planes de abalanzamiento o acoso de los que alardeábamos con los amigos en el bar son desechados por el cerebro como absurdos (en un 99% de los casos según un estudio de la Universidad a distancia de Standford, puesto que, como dicen en sus conclusiones, siempre hay gente “pa to”).

Aunque no son mucho más dignas las situaciones que se dan cuando realmente un inesperado día surge la oportunidad de acercarse al admirado. Porque con la persona delante tampoco tendemos a hacer alarde de una inteligente espontaneidad, precisamente. Las originales frases que salen por nuestras bocas pueden resultar un intento de acercamiento del tipo: “Yo también juego al tenis, aunque no tan bien como tú” para dirigirse a un famoso tenista, o “mis amigos cuando salimos de fiesta dicen que soy un cachondo”, para ganarse a un hilarante humorista. También es común el uso de frases supuestamente ingeniosas como: “Hey, te gusta conducir, ¿eh?” al piloto de moda de F1. Y eso en el caso de llegar a articular palabra. Porque existe la posibilidad del colapso mental, quedarse delante con sonrisa boba y ojos de susto. En ese instante es cuando nuestro cerebro toma por su cuenta la decisión que lo remata todo. Mientras sigues sonriendo con la misma cara estática de la reina de Inglaterra, levantas tu brazo y alargas la cámara para por fin arrancar con tus primeras palabras: “¿me puedo hacer una foto contigo?”. Fantástico. Tienes delante a alguien que admiras, puedes charlar, transmitirle tus inquietudes, darle tu teléfono, pedirle que te firme un ingenioso autógrafo en la te…, perdón, en la tapa de su último libro… Pero no, le pides una foto para que quede constancia de la cara de imbécil que se te quedó, y también puedan comprobarlo tus amigos en el Facebook. Casi es mejor prepararse un pequeño guión, como los actores y directores por si les dan el Óscar y ensayarlo delante del espejo. No vaya a ser que por no ensayar nos pase como a Almodóvar, y acabemos agradeciendo a todos los santos el tener a nuestro ídolo delante.

Adorna este monólogo una gran escena de la serie “Black Books”.

Mi primer monólogo

¿Conocéis las torturas chinas? Clavar astillas entre las uñas, comer excrementos…Pues existe un invento mucho más terrorífico que ese, y lo han inventado las madres: el bocata de jamón serrano. Ese bocadillo con aspecto inocente es en realidad un instrumento de tortura que ya quisieran haber conocido en la Edad Media. Porque, ¿quién no ha comido alguna vez un bocata de jamón sin rasparse las comisuras de los labios con el borde del pan? ¡Es que esos panes los afilan! Una vez superado el dolor, y porque tras lo ya sufrido no se ha de decaer en el intento de saciar el gusanillo, por fin uno consigue intentar dar su primer bocado. Sí, sí, intentar, porque cortar las lonchas de jamón serrano con los dientes no es tarea sencilla, aunque esta dificultad es inversamente proporcional a la calidad del pernil. Conseguida la hazaña de dar el bocado a nuestra merienda, uno se cree que ya lo tiene todo hecho, que sólo le queda disfrutar del manjar… ¡Ja! En ese momento llega lo peor, ese instante en el que uno se la juega al todo o nada en un hilo entre la vida y la muerte. Porque precisamente eso, un hilillo de tocino, decide colgarse hasta el fondo de nuestra garganta haciéndonos vivir verdaderos momentos de tensión hasta que conseguimos rescatarlo con los dedos. No vemos el momento de terminar con semejante congoja y, cuando por fin acabamos, aliviados sonreímos a la vida como si hubiéramos vuelto a nacer…eso sí, con una sonrisa llena de hilillos de jamón.

Yo me planteo por qué las madres se preocupan tanto por que sus hijos se metan en líos, cuando la verdadera amenaza se encuentra dentro de sus mochilas envuelta en papel de plata. De hecho, dicen que la próxima película de Wes Craven se titulará: “Hoy para merendar… bocata de jamón serrano”.

Blog basado en hechos reales

#quefumepah surge de la idea de su autora de mostrar su visión humorística del mundo. Sin más pretensión que disfrutar y hacer disfrutar.

El nombre “#quefumepah” viene de una broma entre amigos. “Qué fu me pa” es utilizado por algunas chicas bien de Barcelona para decir “Qué fuerte me parece”. La terminación en h es por el “nombre artístico” Opah, que también surgió como broma entre amigos. Esa es una historia más larga de contar.

Espero que lo paséis bien. Bienvenidos!

Un abrazo!